Todo cuanto me toca
me hace morir,
en el delicado impulso
de renacerme la vida.
Volver a construirme
habitando el faro
de la luna
que guía levantando las mareas.
Volver a sentarse delante
de uno mismo y
percibir
la ausencia y a presencia
de una metafísica cardaga de vida,
de impulsos,
de viajes astrales.
Volver a ponerse los zapatos
sin cordones
volviendo a recomponer el crecimiento.
CUANDO TE MIRO, TUS RASGOS NO SON EXTRAÑOS
Hace 2 semanas
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